Lo cierto es que París tiene una cantidad tan inmensa de artistas que el solo pensar en triunfar allí resulta, prácticamente, una idea inaceptable, descabellada, un sueño imposible de alcanzar. París sigue siendo la vidriera del mundo. A diferencia de New York, otro de los centros artísticos mundiales, París tiene un encanto especial, algo que la define con sus propios toques, un charme, que la hace irremplazable, y la convierte de inmediato en un vicio.
Allí escribieron sus partituras innumerables músicos, abrieron sus talleres y embadurnaron sus paletas pintores de un enorme prestigio.
"Hay un París que se acabó", dijo una vez nostá́lgico Antonio Seguí, quien les abrió la puerta a muchos que llegaron con sus expectativas adornadas hasta el extremo. Compartió con muchos de ellos el taller de la casita del fondo de su gran chateau de Arcueil, un suburbio al sur de la capital francesa. Llegó allí porque le dijeron que se alquilaba un depósito, en esa zona que conocía por comentarios de Antonio Berni, que solía pintar paisajes ahí. Le gustó, principalmente, porque quedaba a 400 metros de la casa del pianista Eric Satie, autor de la famosa Ginopedie. En 1980 estaba casi en ruinas, habitada por 25 personas. Estaba a punto de comprarla la municipalidad, porque era considerada monumento histórico, pero como se caía el techo a pedazos y era urgente arreglarla, se la ofrecieron a Seguí. La compró y tardó cinco años en restaurarla. "Traía ese sueño de París porque era el estado del alma de los argentinos; nuestra educación era francesa. Pero después no quise volver. Aquel París no tenía nada que ver con éste, que se ha humanizado, quizá a costa del turismo."
Solía entrar al Café de Flore y allí estaba Simone de Beauvoir con Sartre.... Al final del día iba a Old Navy, un café que era un horror pero allí se encontraba con todo el mundo.
Otro artista que compró su taller en París casi en ruinas, fue Julio Le Parc. Lo compró en 1972 y allí reunió a toda su familia, donde también puso su taller, su depó́sito y su galería personal. Lleva el número 29 de la rue Couste, en Cachan, el apellido Le Parc está repetido en sus ocho departamentos.
Hay algunos artistas que reciben mucha ayuda, pero no siempre llega a todos. Hay quienes llegan becados y luego se desilusionan porque al terminar no consiguen ninguna exposición individual, a veces ni siquiera grupal. Hay quienes dicen que para triunfar en París no hay que querer triunfar. Simplemente hay que abocarse a realizar sus investigaciones, reflexionar, aprender y trabajar a fondo. Esta es la mejor de las fórmulas para lograrlo… a lo mejor.
París tiene sus lugares simbólicos, estratégicos como Monmartre, Montparnasse y La Bastille, que era una zona de carpinteros y artesanos. Ahora hay muchos artistas viviendo y trabajando en sus propios ateliers allí.
Hay quienes llegan a París y conocen todo como la palma de su mano, por comentarios, películas, referencias de todo tipo, fotos, en fin, ya llevan un mapa incorporado en sus cabezas y van directo al Louvre, a los restaurantes más famosos, a las tiendas y museos más tradicionales.
Sin embargo, no alcanzarían varias semanas para recorrer todos los museos y galerías de arte diseminadas por la ciudad luz. Todo el arte moderno está instalado allí, compartiendo escenario con una historia de incalculables corredores y secretos.
La bohemia, la vida nocturna de los cafés y bares, constituyen una realidad tan encantadora y envolvente que nos atrapa con su humo perfumado, sus chispas y sus encantos de sirena.
París es, ante todo, un buen laboratorio de talento y paciencia; un lugar ideal para trabajar en arte, tan energético y concurrido que estimula la libertad de creación y desarrolla un inmenso deseo de expansión.
En París, como en toda Francia, hay una continuidad que ni siquiera se altera con este o aquel gobierno de turno, no importa que sea de derecha o de izquierda. Hay normas claras que cumplir o, de lo contrario, deberás pagar multas tremendas. Es una sociedad muy ordenada y siempre que respetes esas reglas obtendrás más libertad en muchos otros ámbitos.
París es, sin duda, una de las ciudades más bellas del mundo y se suele empezar a conocerla bordeando el Sena, buscando el camino a la Tour Eiffel o al Musée de l´Orangerie.
Quien haya conocido Paris puede considerarse un privilegiado, porque llevará para siempre un paisaje interno, privado, con mil razones para soñar despierto. |