Un emprendimiento de
Etcetera


 
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Trailer

Por Jorge Codas
Un viaje de mil leguas comienza con un simple paso
Confucio
Tengo una primera opinión: miro a mi alrededor y veo una sociedad que ha aprendido, asimilado y practicado un concepto maquiavélicamente
individualista de lo que es beneficioso, un ejemplo extremo es la
utilización indiscriminada del miedo a la muerte como recurso de venta. La muerte tiene un marketing propio, su primera plana todos lo días, su texto amarillista, sus alientos desde las balcones del poder, sus fans, sus propietarios, sus mecenas, su brazo armado; tiene también un propósito bien trazado, un mercado bien domesticado, a punto, y también un precio, un despliegue de veneno preciso, eficaz, porque está en manos de expertos y sus distribuidores, nosotros mismos, todo casi gratis y muy beneficioso para muy pocos, los mismos de siempre. Nos observamos en el espejo diariamente y le perdonamos a esa imagen todo tipo de perversiones y secretos, de engaños y simulacros, de sirenas de ambulancias sin enfermos, le sonreímos a sus tinieblas, nos negamos a ver de otro modo la realidad, todo está perfecto, en su lugar de comodidad cobarde, conveniente, rentable, bien maquillada.

Si podemos juzgarnos así, complacientemente, perdonarnos con tanta parsimonia, concentrando la mirada en la vista gorda de nuestros lados egoistas, en el elogio cómplice del silencio como mejor protección y garantía de promoción personal, de ascenso y prestigio; acaso no es mejor crear modos de justificar nuestra propia ignorancia de que solo la totalidad nos salva, adherida a la misma soledad de todos los días, escondida detrás de la inútil máscara de un poder gaseoso, volátil, provisorio maltratando el deseo de los otros de mirar las cosas de otro modo, para comunicarnos mejor, compartir la existencia y salvarnos de esta epidemia antropofágica de ver solamente lo que nos conviene, aunque le cueste el aire, el agua y los sueños a los demás. La prioridad de esta versión de instinto de conservación, alterado y puesto al servicio de una mezquindad despreciable, suicida, sadomasoquista, nos lleva a ejercer y perpetuar modos de relacionamiento que sólo apuntan a resguardar nuestra insignificante esquina de privilegios, viendo despedazarse el mundo que nos cobija. Este ensayo solo es un breve trailer, una contribución más a esta reflexión interesada en la finalidad de salvarnos.

Desearía que mis hijos puedan seguir teniendo agua para beber y un planeta entero donde crear nuevos parques para que jueguen mis nietos, y los hijos y los nietos de los otros. Desearía aportar mi visión para modular mejor la imagen de un presente mejor y un futuro sin bestias, depredadores y dragones legendarios de la muerte, sin bozal, sueltos. Intento convencerte, lector, de una sola cosa: el secreto de tu propia suerte, de la mía, de la nuestra es una carta que está echada sobre una mesa que compartimos, donde cada naipe es un pedazo de realidad que forma parte del juego.

En este ensayo exhibo mi naipe y comparto una opinión en forma de juego, en el que solamente podemos ganar todos juntos, la otra opción está fuera de mi determinación de construir un mundo mejor, proceso al que prefiero llamar crear el paraíso, aquí y ahora, en este instante en el que parece que solo compartimos letras, espacios, puntos y comas, una línea de concordancia, un desacuerdo entre comillas, poesía entre paréntesis, buena onda entre líneas, yo pienso, vos pensas, él dijo, no entiendo esto, mejor aquello; aunque en realidad hay un tunel fantástico, infinito y apasionante de aprendizaje mutuo, sorpresas, posibilidades infinitas, crecimiento y cambio.

 



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