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LA PLUMA INQUIETA / LITERATURA / CUENTO
 
Sólo un espejismo
 
 
Por Oliver Nesnon
 
Fue una noche de divagues, de interminables reflexiones acerca del poder, de cómo te cambia, de cómo te cuestiona tus propios valores si no estas bien parado en tus principios, que lo esencial es invisible a los ojos, que patatín, que patatán. Martín, por ejemplo, empezó haciendo un repaso del comportamiento de los amigos comunes, algunos de los cuales ahora habían conseguido un buen cargo en el gobierno, siempre, claro, con el slogan del cambio adornando la boca, con la naríz un poco levantada, con ademanes de gran responsabilidad social, desplegando las mejores palabras, ordenadas en líneas y líneas de extensas promesas de justicia, de reparación histórica del derecho de los olvidados, sobre las páginas blancas, virginales, distraídas, de un prolijo cuaderno, al parecer, de tapa dura. Sonia agregó que uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla, como alguna vez dijera Sigmund Freud. Entonces Salvador decidió ejemplificar su postura al respecto, es decir, sobre la fragilidad del poder, y empezó muy elocuentemente así, sacándose el dedal del dedo indice y nos contó una linda historia, muy cortita:

Una vez, un padre de una familia acaudalada, nos dijo, llevo a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que viera cuan pobre era esa gente.

Estuvieron por espacio de un día y una noche completos en una granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le preguntó a su hijo:

- Qué te pareció el viaje?

- Muy bonito Papá!

- Viste qué tan pobre puede ser la gente?

- Sí!

- Y que aprendiste?

- Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una alberca que llega de una barda a la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. El patio llega hasta la cerca de la casa, ellos tienen todo un horizonte de patio.

Al terminar el relato, el padre se quedo mudo....y su hijo agregó:

- Gracias Papá por enseñarme lo pobres que somos!.

 
Y cada uno de nosotros se internó en la noche, en silencio, como avergonzados de las estructuras secretas del subdesarrollo que contenia aquella versión del poder que cuestionábamos, asombrados quizás por la crudeza ejemplificadora de aquel relato, tal vez rumiando la sentencia sintetizada en aquella conversación, que nos hizo reflexionar un buen rato para concluir que, efectivamente, en ciertos oasis el desierto es sólo un espejismo.


Y para acompañar con poesía el último sorbo de café, alguien recitó:

 
el día o la noche en que por fin lleguemos

habrá sin duda que quemar las naves

así nadie tendrá riesgo ni tentación de volver

 

es bueno que se sepa desde ahora

que no habrá posibilidad de remar nocturnamente

hasta otra orilla que no sea la nuestra

ya que será abolida para siempre

la libertad de preferir lo injusto

y en ese sólo aspecto

seremos más sectarios que dios padre
 
 

 



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