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Tito Bustillo, la Peña, Covaciella, Llonín y Pindal
ya son Patrimonio Mundial |
Catorce cuevas del arte rupestre paleolítico del norte de España, entre ellas cinco asturianas, son desde ayer Patrimonio de la Humanidad. El Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, reunido en Québec (Canadá), aprobó la candidatura, veintitrés años después de que reconociera a Altamira como obra de arte universal de todos los tiempos». Las nuevas grutas se unen a esa cueva cántabra, ampliando su valor como «testimonio excepcional pero no único» de uno de los territorios clásicos del arte rupestre paleolítico del oeste de Europa. España tiene otros dos enclaves arqueológicos con esta distinción: las pinturas prehistóricas del Arco Mediterráneo y Atapuerca.
La candidatura está integrada por las cuevas asturianas Tito Bustillo (Ribadesella), La Peña (Candamo), Llonín (Peñamellera Alta), Covaciella (Cabrales) y El Pindal (Rivadedeva). El resto de las grutas son Chufín, Hornos de la Peña, Monte Castillo (en la que se integran también La Pasiega, Las Monedas y las Chimeneas), El Pendo, La Garma y Covalanas, en Cantabria; y Santimamiñe, Ekain y Altxerri, del País Vasco.
Las cinco cuevas asturianas constituyen ejemplos excepcionales de arte rupestre. Todas poseen un rico y variado repertorio iconográfico, con diversidad de técnicas y estilos. Se trata de las primeras manifestaciones artísticas murales de la historia de la humanidad. Tito Bustillo reúne algunas de las pinturas y grabados más bellos del Paleolítico, algo que le permite codearse con cuevas de renombre universal como la ya citada Altamira o la francesa de Lascaux. «Es una cueva que despierta los sentidos, en la que se combina perfectamente el mimo de la naturaleza con las manifestaciones humanas que nos han dejado ese mundo religioso, totémico y espiritual de la prehistoria», declaró desde Québec Adolfo Rodríguez Asensio, director general de Patrimonio Cultural.
Rodríguez Asensio, profesor de Prehistoria de la Universidad de Oviedo, realizó para los medios asturianos una corta descripción de cada una de las grutas asturianas. De La Covaciella subraya su panel y la famosa escena de bisontes «que nos traslada a un período fascinante»; Pindal es «uno de los santuarios más completos e interesantes que dejó el hombre de aquella época»; La Peña, una de las grandes apuestas del actual equipo de la Consejería de Cultura, «ha pasado por momentos malos pero, afortunadamente, gracias a unas políticas adecuadas y unas intervenciones sensatas, se ha podido sanear», y a Llonín lo describe como «un lugar marcado por la espectacularidad».
El arte rupestre paleolítico es una de las manifestaciones culturales más relevantes de la historia de la humanidad. Aparte de sus cualidades propiamente estéticas, la importancia de este fenómeno deriva de su carácter representativo de una etapa crucial en la evolución humana: la aparición del «Homo sapiens». Se trata de un fenómeno a gran escala, tanto en el espacio como en el tiempo, que cubre el vasto territorio que se extiende desde los Urales hasta la península Ibérica y se prolonga a lo largo de unos 20.000 años (desde hace unos 35.000 hasta 11.000 años antes del presente).
Su distribución, sin embargo, no es homogénea, y se configura en distintos grupos bien delimitados espacialmente, cada uno de ellos dotado de ciertas peculiaridades regionales. La región franco-cantábrica es, sin ninguna duda, una de las más ricas en este patrimonio, al reunir aproximadamente el 90 por ciento de los yacimientos conocidos y, dentro de ésta, uno de los territorios clásicos del arte rupestre paleolítico: la región cantábrica.
La candidatura, con la denominación de «Arte rupestre paleolítico de la cornisa cantábrica», comenzó a gestarse en los años noventa. El 8 de octubre de 1997, los gobiernos de Asturias, Cantabria y País Vasco acordaron, en una reunión en Santillana del Mar, redactar un proyecto común a la búsqueda de la declaración de Patrimonio Mundial.
El reconocido prehistoriador y conservador general del patrimonio francés Jean Clottes, realizó el informe técnico-científico tras visitar todas las cuevas integradas en la candidatura. Fue él quien sugirió que a la propuesta inicial -integrada por once grutas-, se añadieran otras tres, una de ellas la asturiana Covaciella. En la valoración de la candidatura, se analizaron algunas cuestiones relacionadas con el cuidado de las grutas, entre ellas la situación del entorno de las mismas. En mayo de 2007, el Consejo de Patrimonio de Asturias acordó iniciar los trámites administrativos para delimitar los entornos de protección de varias cuevas asturianas, entre ellas las cinco que ya son Patrimonio Mundial. Los expedientes informativos están, en estos momentos, según fuentes de Cultura en su fase final.
El «valor universal excepcional» de la candidatura se basó en el hecho de que la cornisa cantábrica constituye uno de los territorios clásicos del arte rupestre paleolítico del oeste de Europa, reuniendo en el sector comprendido entre el río Nalón, al Oeste, y las cuencas de los ríos Pas y Besaya, al Este, la mayor concentración de cuevas con pinturas y grabados del Paleolítico Superior. |
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